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Después de saber que
habían muerto los padres de Glaç y Kuni, las crías de delfín
del Zoo que nacieron en primavera, nos quedamos todos con un
nudo en la garganta. Sin embargo, la naturaleza es sabia, y
la muerte da paso a una nueva vida. Puedes comprobarlo tú
mismo si visitas el Zoo, donde los cuidadores vuelven a
sortear las trastadas de unas crías muy traviesas.
Las más juguetonas son las dos crías de león marino, que se
llaman Nord y Terra. Nacieron en verano y ahora nadan a
velocidad de torpedo junto a sus padres y a otros cinco
leones marinos californianos.
Nord y Terra son pequeños, se pelean como buenos hermanos y
todavía se amamantan de sus madres, Nora y Trinjte, incluso
delante del público. Hasta los ocho meses no podrán empezar a
comer pescado, pero, cuando lleguen a la edad adulta, en
torno a los diez años, ¡podrán llegar a engullir hasta ocho
kilos diarios! No es de extrañar, por tanto, que puedan pesar
fácilmente hasta 350 kilos.
Nord y Terra todavía maman, pero ya empiezan a descubrir el
aroma del pescado fresco. "Son muy traviesos, un día una cría
se cayó dentro del cubo de la comida en medio de uno de los
espectáculos y, a veces, incluso nos lo roban con la boca y
se lo llevan al medio de la piscina para comérselo entre
todos", explica entusiasmada Ona, la joven cuidadora de los
leones marinos, a quien siguen obedientes como si fuera la
mamá de todos.
Ona también lleva la batuta en los espectáculos educativos
infantiles que protagonizan los leones marinos, muy bien
entrenados para hacer entender a los menores la importancia
de mantener los océanos limpios y las diferencias entre una
foca y un león marino. ¡Alerta! ¡No te confundas, porque se
ofenderían! Y es que un león marino tiene los oídos externos
y la habilidad de desplazarse por tierra con facilidad y
rapidez gracias a sus aletas.
Aunque no lo parezca, los leones marinos tienen pelo, no una
larga cabellera, pero sí una capa de pelo suficiente como
para que Ona los pueda despeinar para mostrárselo a los
niños, que los miran boquiabiertos. Los leones lo hacen todo
por su cuidadora: las hembras se estiran para enseñar los
pechos, se rascan para mostrar a la chiquillería que también
tienen uñas, les abren bien los ojos para demostrar el
impresionante sentido de la vista que tienen, les enseñan los
bigotes (que son su órgano táctil), les muestran los dientes,
que son de color negro y no porque estén sucios, y aplauden
al final del espectáculo con un ágil movimiento de aleta.
También hacen demostraciones de voz, como buenas sopranos,
para enseñar a la chiquillería la forma que tienen de
identificarse y encontrarse unos con otros dentro de la
colonia. ¡Cada uno tiene un timbre y un sonsonete diferente!
Los nietos más jóvenes de Copito de Nieve
El recuerdo de Copito de Nieve continúa más vivo que nunca
entre la familia del Zoo, porque dos de sus hijas, Virunga y
Michinda, dieron a luz una cría cada una: N'tua y N'goro,
tienen tres y cinco meses respectivamente.
Hoy por hoy, las crías todavía son más pequeñas que un bebé
humano (solo pesan tres kilos) y se pasan el día en brazos de
sus madres, entre el grupo de gorilas, un hecho que
representa un éxito notable, ya que es la primera vez que los
cuidadores del Zoo consiguen que los bebés sean criados por
sus madres y separados del grupo en la guardería, lo cual les
permitirá aprender de forma natural los comportamientos
maternales y reproductores.
Se les refuerza la alimentación con un biberón cada cuatro
horas, pero siempre desde el otro lado de los barrotes y sin
que las crías abandonen los brazos de sus madres. Para
conseguir esta conducta se entrenó a la primera gorila que
dio a luz para que aceptara la presencia de los biberones y,
cuando la segunda gorila tuvo su cría, esta copió
instintivamente la conducta que había visto en su hermana, de
forma que ella también pudo criar por sí misma a su cría.
Aunque se alimentarán básicamente de leche durante tres años,
una de las crías ya empieza a robar comida a su madre, según
explica la bióloga de primates del Zoo, Maria Teresa Abelló.
Celos y peleas
Los gorilas no son en absoluto muy diferentes de los humanos.
De hecho, incluso tienen celos. La hembra dominante lo ha
demostrado más de una vez. "Una mañana, los cuidadores y yo
mirábamos la cría de Matxinda, la hembra subordinada, y de
golpe apareció Virunga, la hembra dominante, con su cría en
brazos y le golpeó la cabeza a la otra cría porque quería
hacernos saber que era a su cría a la que teníamos que mirar,
¡y no a la otra!", explica Maria Teresa.
No hay episodios peligrosos a menudo, pero a la bióloga de
primates y a los cuidadores se les ha encogido el corazón en
alguna ocasión. "La peor experiencia fue el día en que por
error se intercambiaron las crías. Matxinda, en un primer
momento, no se dio cuenta, pero Virunga, que es muy lista,
puesto que es la dominante, enseguida lo notó, tiró al aire
la cría que llevaba y corrió a la búsqueda de la suya.
Entonces, Matxinda cogió la cría del suelo y se quedó con las
dos. Virunga empezó a estirar de su cría y las dos hembras
empezaron a chillar enloquecidas. Por suerte, lo arreglaron
entre ellas y se devolvieron a sus crías, pero nos llevamos
un buen susto porque fácilmente podían haber muerto las dos
pequeñas", recuerda la bióloga.
Una riña entre gorilas, por leve que sea, casi siempre acaba
en el quirófano con puntos de sutura. "Tienen una mordedura
terrible", dice Maria Teresa. Más o menos, como aquel que
dice, como la de los humanos, ¿verdad?
El Parque Zoológico de Barcelona sigue la Estrategia Mundial
de Zoológicos para la Conservación y, por tanto, desarrolla
una serie de actividades que pueden resumirse en las
siguientes: CONSERVACIÓN, EDUCACIÓN Y INVESTIGACIÓN.
El zoológico de
Barcelona es un magnífico jardín de más de 100 años que ocupa
unas 13 hectáreas del recinto de la Ciutadella y que contiene
una colección de animales formada por más de 400 especies
diferentes de todo el mundo, con unos 7.500 ejemplares.
La concepción de un Parque Zoológico
ha ido evolucionando con los tiempos, en un proceso en que la
dignificación de las condiciones de vida de los animales ha
llegado a convertirse en el primero de los objetivos.
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