Publicada el 29 diciembre
2003 a las 12:22:00 por achus. - Archivado en noticias de parques temáticos
del año: 2003
La falta de ayudas oficiales, el vacío legal y la competencia de los parques
temáticos ponen en peligro el sector
VICTOR AUNION
MADRID.- ¿Se imaginan las fiestas de su barrio o de su pueblo sin los coches
de choque, los puestos de churros o la tómbola? Seguro que no. Pero lo que
ahora parece una ficción puede convertirse en realidad. Si el Gobierno
regional y las corporaciones municipales no se ponen manos a la obra para
regular un «sector marginado», los feriantes advierten que muchos de estos
profesionales se verán obligados a dejar su forma de ganarse la vida.
Galo Gorrochategui, presidente de la Asociación Unificada de Industriales
Feriantes de la Comunidad, lo deja claro: «La falta de rentabilidad está
acabando con nosotros». Muchos de estos trabajadores autónomos están
«aguantando hasta el límite. Se trata de negocios familiares, que han pasado
de padres a hijos y constituyen más que una manera de ganarse la vida, una
forma de entenderla».
Los altos precios de las atracciones que se instalan en los recintos
feriales podrían indicar que esta falta de rentabilidad es ficticia.Pero si
se tiene en cuenta que «por ejemplo, una atracción mecánica en las fiestas
de La Paloma tiene que pagar -asegura Gorrochategui- unos 6.000 euros por
una semana», no extraña que los precios sean elevados. El principal
perjudicado de esta situación es el usuario.
Además, las cantidades que deben pagar los feriantes para instalarse hay que
hacerlas efectivas independientemente de las condiciones que se den durante
los días de feria. La lluvia o el mal tiempo pueden hacer que después de una
semana de trabajo el balance pueda llegar a ser negativo.
Por estas razones, «el apoyo de los Ayuntamientos es básico, pues además de
no facilitar ayudas, en muchos casos dejan toda la responsabilidad de la
organización a nuestras asociaciones», según explica el presidente de los
feriantes. Algunas Juntas Municipales adjudican las fiestas a asociaciones,
que tienen que pagar una cantidad. Después, la asociación debe cobrar a los
feriantes, lo cual trae problemas, pese a que el 80% está asociado.
Los responsables de la asociación se encuentran con un vacío legal, pues la
ley no les respalda a la hora de solicitar la documentación necesaria.
«Estamos realizando unos cometidos de control y cobro que deberían hacer las
instituciones municipales, como ya se hace por ejemplo con la venta
ambulante, que tiene bastantes similitudes con nuestro sector y que está
regulada por ley», afirman desde la Asociación de Industriales Feriantes.
Acabar con el vacío legal
Junto con la demanda de apoyo institucional, los feriantes consideran
indispensable acabar con el vacío legal. Para ello sería necesario una Ley
de Ferias de ámbito regional, como existe en Andalucía.«No hay normativa,
ahora depende de cada ayuntamiento y nos ponen muchas trabas. En Madrid
capital está la ordenanza Reguladora de Recintos Feriales, que no sirve para
nada».
Esta propuesta la plantearon hace más de dos años al entonces presidente de
la Comunidad, Alberto Ruiz-Gallardón, pero no obtuvieron respuesta. «En los
últimos años nos hemos reunido también con los partidos de la oposición para
plantearles la necesidad de esta ley, con el minucioso proyecto que hemos
redactado sobre cómo podría ser», afirmó Galo Gorrochategui. Con este marco
que regulase la actividad de las ferias, «la Administración tendría que
afrontar sus competencias y no dejar en manos de la asociación un papel y
una responsabilidad que no tiene porqué asumir».
Sin las ayudas de los poderes públicos y sin la Ley de Ferias, el sector
tiende a desaparecer por la falta de rentabilidad. Pese a las más de 400
ferias que hay en la región, los industriales feriantes ganan cada vez
menos. Tampoco hay que olvidar que se trata de una profesión estacional,
pues en los meses de invierno no tienen trabajo y deben invertir en poner al
día sus instalaciones.
Más de 500 familias madrileñas viven de esta ocupación, pero en muchos casos
las siguientes generaciones romperán una tradición que viene de muy atrás.
Además, otro inconveniente es la competencia feroz que ejercen los parques
temáticos y los centros comerciales. De momento, se salvan de la
desaparición porque los pueblos impulsan las ferias y fiestas como parte de
su identidad. Pero si las ayudas no llegan, la supervivencia del sector de
industriales feriantes corre un serio riesgo.
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